martes, 1 de marzo de 2011

Hay personas...

Hay personas que están ahí toda la vida. Otras aparecen, se quedan un tiempo y luego se van y no dejan apenas huella en uno. Gente de paso, turistas, accidentes, imposiciones, flechazos, espejismos…la variedad de seres con los que te encuentras en tu vida es infinita. Pero no siempre es proporcional el efecto que crean en ti con el tiempo que se quedan. El rollo romántico este de la chica que ves mientras te alejas en un taxi, o aquella compañera de vagón del Ave a la que nunca te atreviste a preguntar ni la hora se queda un poco para las películas. Sin embargo, como siempre, la realidad acaba superando a la ficción y un día, el día menos pensado, (que por otra parte suele ser el mejor día) te encuentras con la última persona a quien elegirías usando un razonamiento puramente lógico y objetivo y le da la vuelta a tu corazón como si se tratara de un calcetín. Te inyecta el veneno del _______ (llámalo como quieras) y te tiene pensando en ella como un gilipollas durante quien sabe cuanto tiempo. Lo mejor es que tal como aparece, desaparece y, seguro que son todas las incógnitas e interrogantes que te deja lo que no te permite olvidarla y, siendo sinceros, probablemente si la conocieras un poco mas dejaría de ser interesante, pero es como el final de perdidos…si hubiera quedado todo claro, nadie hablaría de ello, y mi cerebro y mi corazón se tiran horas conversando sobre las incógnitas de la chica de aquel viernes…